Rubén Siller
No siempre falta experiencia o conocimiento. A veces, lo que falta es otra perspectiva.
Cuando todo se vuelve urgente o monótono y el equipo está completamente inmerso en la operación, ya no se alcanza a ver más allá del día a día.
No porque no se sepa qué hacer, sino porque estar tan dentro del problema o incluso de la rutina dificulta pensar con frialdad y abrir nuevas alternativas.
A veces el problema no es decidir, sino poder detenerse un momento, rebotar ideas con alguien más y, a partir de ahí, volver a mirar la situación desde otro ángulo, renovando las opciones sobre la mesa.
Llegar a ese punto es más común de lo que parece.
Les ocurre a personas capaces, responsables, comprometidas.
A líderes, a equipos completos, a organizaciones que funcionan
pero que llevan tiempo operando sin espacio para pensar.
No es falta de talento.
Tampoco de esfuerzo.
Es el efecto natural de permanecer demasiado cerca de los problemas, del día a día o de una rutina que deja de evolucionar.
Cuando la urgencia se prolonga,
cuando la rutina se vuelve absorbente,
la claridad deja de aparecer por sí sola.
Y no porque no exista una salida, sino porque verla requiere otra perspectiva, contraste y en muchos casos, una mirada externa que ayude a ordenar.
En muchos casos, el siguiente paso no es acelerar ni buscar una respuesta inmediata.
Es crear un espacio distinto para pensar.
Un espacio donde se pueda hablar sin urgencia, sin necesidad de demostrar nada,
sin la presión de “resolver ya”.
Un espacio donde la conversación no tiene un formato fijo; sino que se adapta al ritmo y a la profundidad que la situación requiera.
Conversar con alguien que no esté inmerso en la dinámica diaria no para que diga qué hacer, sino para ayudar a ordenar lo que ya está sobre la mesa, ponerlo en perspectiva y abrir caminos que desde dentro no siempre se ven.
A veces, ese simple contraste es lo que permite que la claridad vuelva a aparecer.
Mi nombre es Rubén Siller
Con el paso de los años he trabajado cerca de personas y equipos en empresas que atraviesan momentos decisivos:
crisis, estancamientos, transiciones, redefiniciones.
No desde la teoría ni desde fórmulas prefabricadas, sino desde la observación directa de lo que ocurre cuando una organización —o una persona— está demasiado dentro de su propia dinámica.
Con el tiempo entendí algo simple:
muchos problemas no se destraban por falta de talento ni por ausencia de soluciones.
Lo que suele faltar es una mirada externa que ayude a ordenar, enfocar y distinguir lo esencial de lo secundario.
Hoy mi interés ya no está en intervenir para “arreglar” organizaciones,
sino en acompañar conversaciones que permitan pensar con mayor claridad
y decidir con mejor perspectiva.
No siempre habrá respuestas inmediatas.
Y no siempre seré la persona adecuada.
Pero cuando la conversación sirve, algo se ordena.
Y desde ahí, las decisiones suelen cambiar.
No todas las situaciones requieren lo mismo. Y no todas las personas buscan lo mismo al llegar aquí.
Hay quienes solo necesitan poner en palabras algo que ya venían pensando y seguir reflexionando por su cuenta.
Otros encuentran en la lectura o en la formación ese detonador que amplía la perspectiva y abre nuevos caminos.
Y hay quienes descubren que una conversación, en el momento adecuado,
puede ayudarles a mirar su situación con mayor claridad y a pensar mejor los siguientes pasos.
Si ese es tu caso,
aquí hay una forma simple de continuar.
Conversar ->
Pensar acompañado, sin recetas ni agendas ocultas.
Rubén Siller
Conversaciones para ampliar perspectiva
Monterrey NL, México
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Correo: hola@siller.mx
Linkedin: Rubén Siller